En Boletín Informativo Abril 2010.
Sólo quienes lo vivimos podemos contarlo, más que apoteósica fue la primera Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y la Defensa de la Madre Tierra. Tal es la preocupación de las diferentes sociedades planetarias que representantes de más de 147 países respondieron a la convocatoria que el presidente boliviano Evo Morales Ayma hiciera ante el fracaso de la Cumbre de Copenhague. Alegremente se conjugaron los trajes coloridos de los indígenas bolivianos, ecuatorianos, colombianos, peruanos, estadounidenses, con las vestimentas informales de los europeos, las pieles oscuras de los africanos y claras de los asiáticos, en una mezcla indescriptible con los susurros y gritos de quienes en una especie de Torre de Babel se comprometieron a buscar la Salvación de La Madre Tierra y, con ella, de la especie humana.
De ninguna manera los mal llamados Países Desarrollados calcularon que fuese posible gestar un encuentro de las víctimas del Modelo Dominante, quienes -en un grito desesperado- reivindicaron la vida con tal consenso y claridad que sorprendió al mundo. De seguro no lo pensaron cuando, con una irresponsabilidad, que rebasa los límites de la razón, no firmaron compromisos claros para sanar las heridas que con su voracidad han causado a seres humanos y al planeta que es el sustento del todo.
A ningún aspecto del éxito resto importancia la organización del magnánimo evento, afincada en una sede en la Universidad del Valle a la altura de las mejores del mundo. Voluntarios bolivianos y principalmente cochabambinos orientaron con amabilidad a propios y extraños a su llegada, los cuales al primer contacto fueron una familia que supo identificar sus afinidades para analizar, debatir y construir sendos documentos que la sociedad industrial -en muchos casos- hace un buen tiempo conoce, pero se reusa a asumir aun a costa de su propia existencia.
Se conjugaron, entonces, miles de poetas, cantores, danzantes, pintores, académicos y gobernantes que aportaron a controvertir los engaños de los agrocombustibles, la injusticia social y la inequidad que profundiza el comercio de carbono, el cual compra la capacidad de fijar en el sur lo que el norte se reusa a dejar de generar en aras de suntuosidades innecesarias y acumulaciones que reinvertidas en nada repararían el daño causado; igual se pronunciaban frente a los mecanismos de desarrollo limpio MDL y los transgénicos.
La utopía se materializó en la primera Cumbre de los Pueblos, no de los gobiernos que se repartieron el planeta y sus recursos sin consulta alguna; de seguro es el comienzo de una danza planetaria que cautivara con su belleza adornada del canto de las denuncias y el arco iris de propuestas, la razón de los ciudadanos del universo que hoy soñamos con el primer voto mundial para defender la Madre Tierra.
Que lugar más indicado para esta construcción que el centro histórico de Tiwanaku, la cultura preincaica que legó la solidaridad, la reciprocidad, la unidad, el respeto por la tierra y por lo que ignoramos. Quienes fuimos testigos de la energía que poseemos los pueblos para dar soporte a esta lucha, damos gracias a Dios, a las culturas originarias, a los gobiernos y asistentes por permitirnos seguir soñando una realidad que hoy se materializa, pues nada más fuerte y generador que la voluntad de los pueblos unidos en función del más lindo de los ideales: la defensa de la vida.
Los actos de apertura y clausura, en los que el mundo hermanado vibraba en la esperanza y se nutría para la lucha mundial por hacer entender que los generadores de gases efecto invernadero deben fijarlos en sus propios lugares de origen, que no puede asistir más que una actitud radical frente a lo que hoy nos roba la vida, al igual que a las futuras generaciones: el capitalismo.
Las danzas ancestrales, la música andina, la voz de cantores que alimentados por la voluntad popular sonorizan el sufrimiento y la esperanza, hicieron temblar el estadio Félix Capriles en Cochabamba, pero más temblaba el corazón de valerosos defensores de lo que no es nuestro, sino de nuestros hijos y debemos defenderla a ultranza. Nutridos de osadía salimos a anunciar al mundo la convocatoria al primer voto mundial para derrotar al capitalismo que nos cadaveriza cada día, a las guerras que nos humedecen el alma con las lágrimas provocadas por la pérdida de los hijos de los pueblos y no del capitalismo, que manchan de sangre lo más sagrado: la Madre Tierra. Un referendo que clama la responsabilidad de quienes han generado el daño, que pide un Tribunal de Justicia para los que matan nuestro único hábitat posible: la piel de nuestra Pachamama.
La humanidad ve su existencia comprometida, como se refleja en actuales y variadas investigaciones científicas, las cuales trascienden los reconocimientos de la sociedad industrial y el modelo de consumo como causal del daño ambiental y las alteraciones climáticas, claramente reflejado por Al Gore en su documental Una verdad incómoda, entre otros. Esta realidad aceptada tiene su primer antecedente en 1972 en la Cumbre de Estocolmo, momento en el cual las mismas estructuras ideológicas aceptaron que es posible el agotamiento de los recursos naturales por el efecto del modelo de desarrollo imperante, el cual paradójicamente sigue siendo el mismo y hoy condenado en la Cumbre de los Pueblos como causante de las alteraciones climáticas, que ponen en riesgo la existencia inmediata de miles de comunidades y, en el futuro, la del ser humano mismo. Cochabamba abre hoy su espíritu al mundo y se torna en la segunda posibilidad para el planeta, en Estocolmo los gobiernos, en Cochabamba los pueblos, nos espera ahora Cancún en México para ratificar esta construcción y hacer entender que la cumbre de las partes no es el todo, falta la parte de los pueblos, que es grande, sensata y esperanzadora aun para los que no han nacido.
Gracias Bolivia¡¡¡.
