En Boletín Informativo Marzo 2009
Si bien el número de pobres ha crecido a ritmo menor que el de la población total, en la actualidad hay más del doble de pobres de los que había en los años 50.
Pobreza y desigualdad son flagelos que afectan a más de 200 millones de seres humanos en la región: niños, mujeres y ancianos continúan siendo los más vulnerables. Es más, hay una fuerte identidad entre extrema pobreza y condición indígena: 52 millones de indígenas hoy no gozan plenamente de los beneficios del desarrollo. Tenemos más infraestructura pero afectamos el medio ambiente, más economía pero también más desigualdad.
Estas son tareas todavía pendientes en la región. El BID tiene un rol relevante que cumplir acompañando a nuestros gobiernos en los esfuerzos por un desarrollo equitativo para que en el tiempo más corto posible podamos afirmar que vivimos como personas plenas, con valoración de nuestra identidad, con dignidad y afectividad, en armonía con otros seres humanos y con la naturaleza, en una lógica que mi pueblo y gobierno denominamos: “Vivir Bien”.
Bolivia, desde el año 2006, se encuentra en pleno proceso de Revolución Cultural en Democracia a la cabeza del hermano Presidente Evo Morales, poniendo en práctica esos principios del “Vivir Bien”.
Algunos avances en esa perspectiva permiten mostrar a una Bolivia libre de analfabetismo, con importantes incrementos en la cobertura de salud, además de la construcción y equipamiento de hospitales; la mejora de coberturas en dotación de agua potable, reconociendo que todo servicio básico es un derecho humano fundamental, consagrado en la nueva Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia.
Ni las acciones señaladas, ni la redistribución de ingresos a través de transferencias a los sectores más vulnerables habría sido posible sin la recuperación de la propiedad de los recursos naturales por el Estado boliviano, que ha permitido crecimientos significativos del PIB, la obtención de superávits fiscal y comercial, el incremento de las reservas internacionales; una participación más dinámica del Estado en la economía que ha conducido a triplicar los niveles promedio de la inversión pública y la disminución de la deuda externa.
Así estamos construyendo un nuevo paradigma de desarrollo sustentado en el “Vivir Bien”.
Sin embargo, los avances que logramos pueden verse limitados por los efectos de una crisis que no se generó en la región.
Las consecuencias relativamente inmediatas de la crisis financiera internacional se expresan para nosotros en el estrechamiento de los mercados y la disminución de precios de los commodities además del deterioro de los términos de intercambio, que impactan sobre los ingresos fiscales y la balanza comercial. En esas circunstancias es previsible la aparición de brechas presupuestarias y conflictos sociales que limitarán el potencial de desarrollo cuyas bases estamos construyendo.
Esta, sin duda, no es una situación exclusiva de Bolivia, sino la de todos los países pequeños de menor desarrollo. Una vez más los que sufran las consecuencias de la crisis serán las poblaciones con mayores niveles de pobreza e inequidad, y como parte de ella con seguridad América Latina y el Caribe.
Entonces… el desafío es atender apropiadamente la emergencia inmediata, pero también atender la recuperación de la senda sostenible del desarrollo para cumplir con las metas estratégicas de transformación de nuestros países y con los propósitos comprometidos a nivel mundial, como los Objetivos de Desarrollo del Milenio.
11. Demandamos un sentido de responsabilidad con la crisis y sus consecuencias que, compromete a los países desarrollados con las medidas para conjurarla. Eso supone el reforzamiento de los sistemas alternativos, bilaterales y multilaterales, de canalización de recursos financieros, paralelamente a la apertura de sus mercados y al comercio justo. Este proceso, además, debe estar acompañado por mecanismos de supervisión de las inversiones de tesoro del BID, así como por periódicos informes a todos los socios.
Es necesario poner a disposición de nuestros países, según el grado de vulnerabilidad, una mayor cantidad de recursos para ser utilizados en políticas contracíclicas de corto plazo, mientras además se prevén recursos orientados a fortalecer las bases de un desarrollo integral, estable y sostenido. Respaldamos una ampliación de capital para el BID, que se debe implementar en el tiempo más breve posible con una significativa reposición del FOE, reitero, capaz de sustentar las propuestas de corto plazo y también las del mediano y largo plazo.
En el ámbito interno del Banco deseamos mencionar que consideramos que la reforma institucional de los últimos dos años ha cometido la injusticia de reducir jerarquía y alcance a la unidad que trataba los temas de pueblos indígenas en el BID. Convocamos a reparar este error y a conciliar la estructura institucional con la realidad material de la región en relación a los pueblos indígenas, recuperando y fortaleciendo la jerarquía de aquella unidad, hoy inexistente.
Colegas Gobernadores, consideramos que éstos son los desafíos que debe encarar nuestra institución como organismo genuinamente interamericano, siguiendo los principios de su creación.
Por ello mismo, enfatizando el respeto a las decisiones soberanas de los países en torno al curso de su desarrollo cuando se les brinda apoyo internacional, creemos importante recuperar las palabras de Felipe Herrera sobre el multilateralismo en el sentido de que éste, “por definición, tiene conciencia de que no existe un camino único para el desarrollo, porque el camino factible es el que cada pueblo, soberanamente, traza para sí”.
Entonces, de cara al futuro, requerimos un BID que acompaña y comprende los esfuerzos, la identidad y las políticas de desarrollo de nuestros países; que da apertura a la interacción y rendición de cuentas ante las organizaciones sociales y de pueblos indígenas; que contribuya a la construcción de modelos de desarrollo que promueven una sociedad global equitativa y solidaria; y que sea más ágil y expedito en sus procesos de gestión de proyectos.
Al final, ninguna iniciativa se justifica sino favorece al desarrollo integral de las personas en armonía con la naturaleza. Esa es la oportunidad y desafío que nos debemos plantear en el BID.
Muchas gracias"
