En Boletín Octubre
La recuperación del camino del Qhapaq Ñan no sólo implica restaurar un camino que estaba compuesto por piedras o realizar excavaciones para encontrar la vía original, sino que comporta recuperar la memoria histórica de los pueblos originarios, como fundamento del conocimiento de las plantas, de los alimentos y del uso y aplicación para diversos campos como la salud, el manejo de la tierra y del agua.
El rencuentro del Qhapaq Ñan atraviesa importantes sitios rituales que hoy forman parte de la memoria oral y son centros de actividad ritual para el pueblo tanto en la meseta, como en los valles y las cordilleras.
El Qhapaq Ñan -como eje de la ruta prehispánica- se extendía desde el norte de Argentina y Chile, atravesaba por Bolivia, Perú, Ecuador, hasta el sur de Colombia, y es considerado por los expertos como una de las obras arquitectónicas camineras de mayor trascendencia en la historia. Significó una obra de gran impacto en el paisaje y la transformación social, sólo comparable con la Muralla China o la Red Vial Romana.
Permitió la integración y facilitó al incario llegar a los pueblos de toda la red con el intercambio de diversos productos, la transmisión de valores culturales, el acceso a los diferentes centros ceremoniales y el desarrollo de prácticas comunes en el culto ancestral y las tradiciones. Fue considerada una ruta sagrada y de ritualidad, y era vista como un símbolo del poder del Imperio que reflejaba su expansión a lo largo de la geografía suramericana, siendo uno de sus objetivos el aprovechamiento de los recursos locales para lograr el desarrollo de la producción comunitaria y la redistribución ritual.
