La colonial controversia de las Malvinas
Por: M.C. Arturo Suárez Vargas, Encargado de Negocios a.i.

Martes 9 de marzo de 2010, por Embajada de Bolivia

En Boletín Informativo Febrero 2010

La instalación de una plataforma británica de exploración de hidrocarburos en las Islas Malvinas, cuya soberanía es demandada por Argentina desde hace 177 años, convierte a la nación hermana en víctima de un acto de arrogancia colonial en pleno siglo XIX.

Este nuevo incidente proyecta un conflicto que pasa por la reinvindicación de la soberanía en este centenario diferendo. El afán por el control de los recursos naturales, de las aguas y de las posesiones en la Antártida han puesto en tensión las relaciones bilaterales y pueden provocar roces entre América Latina y la Unión Europea, e incluso llegar a cuestionar los principios fundacionales de la Carta de las NN.UU.

La exploración de hidrocarburos en la plataforma continental denota la necesidad de respetar lo establecido en la Resolución 3149 de la Asamblea General de NN.UUU. En ella se insta a las dos partes a abstenerse de adoptar decisiones que entrañen la introducción de modificaciones unilaterales en la situación, mientras las islas se encuentren en el proceso recomendado por la Asamblea.

Argentina ha defendido en forma permanente sus títulos sobre las Islas Malvinas y ha denunciado a Gran Bretaña por su negativa sistemática e injustificada a debatir los derechos con los que se pretende arrogarse estos territorios. El interés regional de América Latina ha consistido en apoyar decididamente a la Argentina en el encuentro de una solución justa, pacífica y definitiva en esta disputa, en tanto que otras regiones han pretendido incluir a las Islas Malvinas, (Falkland), Georgias del Sur y Sandwich del Sur en el régimen de Asociación de los Países y Territorios de Ultramar.

Sería menester que las potencias que tienen un sitio permanente en el Consejo de Seguridad de NN.UU. acaten las disposiciones de la ONU y alienten una solución pacifica de las controversias, a fin de superar los viejos lastres del colonialismo que en enero de 1833 permitió que fuerzas inglesas desalojen a sus habitantes y a las autoridades argentinas legítimamente establecidas en las Malvinas.

Es a partir de 1965 cuando NN.UU. emitió la primera resolución estableciendo la obligación de ambos países de buscar una solución pacífica y negociada sobre la soberanía de este territorio. Posteriormente en la Asamblea General se aprobaron nueve resoluciones que además de buscar una solución negociada, proscribieron cualquier decisión de carácter unilateral.

Cabe recordar que en el año 1982 se suscitó un conflicto bélico que se extendió por 74 días y ocasionó la pérdida de 649 soldados argentinos y 255 británicos. Argentina intentó en los años 90’ una estrategia diferente, llamada de seducción, para lograr acuerdos en forma conjunta y cooperativa de los recursos, pero ella tampoco dio resultados.

La nueva escalada en el conflicto argentino-británico por las islas del Atlántico Sur recrudeció a principios de febrero, cuando el Gobierno argentino presentó una nota de protesta al Reino Unido rechazando su pretensión de autorizar la exploración petrolera en ese territorio. La acción británica tiene la intención de explotar el lecho submarino donde yacen aproximadamente 60 mil millones de barriles de crudo que –según expertos- sobrepasaría las reservas probadas de ambos países.

En respuesta a la decisión unilateral del Reino Unido, Argentina promulgó un decreto regulando la navegación desde el continente hacia las Malvinas con miras a garantizar la defensa de su soberanía y de sus recursos naturales. Los británicos respondieron con el envío de un contingente de la fuerza naval hacia las Islas Malvinas, donde ya tiene desplegada una fragata, un destructor, una patrullera, dos buques de guerra y más de un millar de efectivos militares para disuadir una eventual presencia militar argentina.

En criterio de expertos, Argentina no tendría que adoptar ninguna medida que esté fuera del amparo del derecho internacional y más bien desplegar lo que definió como una diplomacia activa.

Si Gran Bretaña continúa con medidas unilaterales, no muestra señales de apertura a negociaciones sobre la soberanía de la plataforma continental y continua con la política de explotación petrolera, Argentina debe exhortar a la comunidad internacional y los foros internacionales un apoyo firme y solidario para poner fin a esta inveterada forma de colonialismo.

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