En Boletín Enero 2011
Me he enterado que el gobierno colombiano ha decidido rectificar la posición que asumió en relación con la solicitud del gobierno de Bolivia de que la hoja de coca fuera excluida de la lista de sustancias prohibidas por Naciones Unidas en su Convención de 1961.
En efecto, la señora Mónica Lanzetta Mutis, en su calidad de viceministra de Relaciones Exteriores encargada de las funciones del despacho de la ministra, escribió una carta al señor Hamidon Ali, presidente del Consejo Económico y Social de las Naciones Unidas, en la que le informa que el gobierno colombiano decidió retirar la nota original.
Bien por el gobierno colombiano, bien por el presidente Santos, quien debió recordar su actuación en la mañana del día de la posesión presidencial, cuando se reunió con los más importantes mamos en la Sierra Nevada de Santa Marta. Y también debió recordar su conversación con Evo Morales, en la que apoyó su exigencia ante Naciones Unidas.
Juán Manuel Santos con indigenas de la Sierra Nevada de Santa Marta en el dia de su posesión presidencial
Es desde luego una buena noticia, que significa que, por ahora, el presidente es consecuente con sus palabras, y que probablemente toma decisiones que sin duda deben molestar a las autoridades de Estados Unidos y sus aliados en las políticas prohibicionistas.
Ojalá el ejemplo colombiano sea seguido por algunos mandatarios latinoamericanos y así muestren la requerida solidaridad con los pueblos boliviano y peruano y los colombianos que utilizan la hoja como parte de su cultura ancestral. Es necesario recordar que la hoja de coca, además de su valor cultural, es enteramente diferente de la cocaína que resulta del proceso químico de transformación.
Ojalá también que si la posición boliviana triunfa sea posible que la enorme cantidad de productos de la hoja de coca que no resultan nocivos se pueda generalizar. De hecho, más de un científico ha mostrado que a partir de la hoja es posible producir bebidas carbonatadas, pasta de dientes, infusiones, gomas de mascar y otros bienes que significan un uso inocente y no lesivo de la hoja.
Y ojalá que entonces el Invima retire la absurda medida que tomó cuando repudió una bebida refrescante producida por una comunidad indígena del Cauca. Con el argumento de que se trata de algo prohibido, negó la autorización para su producción. Resultó pues que el Invima fue más papista que el papa, y así privó a una comunidad de una posibilidad de obtener ingresos legales.
(*)El texto completo del artículo se puede leer en la dirección: http://www.elespectador.com/impreso...